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La Caries: No esperes a que te duela

La caries dental es la enfermedad más común del mundo y, además es también una de las más “silenciosas” en sus inicios.

Entre todas las posibles alteraciones de salud, no sólo bucodental sino en general, la caries destaca por dos motivos que la distinguen entre las demás:
es la enfermedad más común del mundo, según ha determinado la OMS, y es también una de las más “silenciosas” en sus inicios.

La caries es una erosión del diente producida por la acción de las bacterias y los ácidos que se acumulan en la boca como consecuencia de la ingesta de alimentos. De evolución rápida o lenta según el caso, en las primeras fases de su progreso es frecuente que no produzca ningún tipo de síntoma, pero no por ello es menos importante su existencia.

Esto es porque, cuando se halla aún en el esmalte –que es la capa más superficial del diente, muy dura y resistente a la agresión–, no se suelen percibir molestias, puesto que el esmalte dental no tiene terminación nerviosa alguna.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que las bacterias causantes de la caries no detienen su acción ahí y, a medida que pasa el tiempo, acaban por destruir el esmalte y llegan a la dentina, capa subyacente que, pese a su dureza, es más vulnerable.

1. La pulpa: está formada por nervios, vasos sanguíneos y tejido conectivo. Su función es nutrir el diente.
2. La dentina: es un tejido amarillento y duro como el hueso. Rodea la pulpa y tiene una misión protectora.
3. El cemento dental: tejido que rodea las raíces por debajo de las encías.
4. El esmalte: es el tejido más duro del cuerpo humano y rodea la corona del diente. Protege la parte interna del diente y nos permite masticar. Es, además, el responsable del brillo de los dientes.

En su estructura, la dentina es similar a una esponja; está surcada en todo su volumen por unos diminutos túbulos llenos de agua que, ante cualquier cambio en su presión, registran y conducen la energía directamente a la pulpa o, como se conoce comúnmente, el “nervio”. En esta zona, cualquier alteración es susceptible de provocar un dolor de gran intensidad, por lo que cuando esto ocurre es un síntoma inequívoco de que la caries se encuentra muy avanzada.

 

INDICADORES A LOS QUE ESTAR ATENTOS

Sin la realización periódica de revisiones por parte del dentista, es harto difícil saber de la existencia de una caries “a tiempo”, es decir, antes de que haya llegado a traspasar el esmalte. No obstante, sí existen ciertos indicadores que pueden hacernos sospechar y ante los que conviene estar atentos, como pueden ser un pequeño cambio de coloración o textura en la superficie de los dientes, o la percepción de sensanciones incómodas o ligeramente molestas, aunque no se puedan calificar de dolor.

Por otra parte, la retención de comida entre dos dientes puede ser indicativo de la existencia de una caries incipiente en el esmalte, cuya superficie se vuelve rugosa y facilita que se “enganche” el alimento. Y lo mismo ocurre en el margen gingival: la presencia de restos de comida a lo largo del borde de la encía que se resisten a la acción del cepillado puede deberse a una caries en el cuello del diente.
Si bien es cierto que no en todos los casos la causa será una caries, ante la duda es conveniente acudir a la clínica dental para descartar o confirmar las sospechas. Una visita que, en ningún caso, debería demorarse si lo que se perciben son molestias evidentes o dolor, pues una pronta consulta con el dentista puede significar la diferencia entre una solución sencilla, rápida y económica, como la
obturación (empaste), o un tratamiento más largo, complejo y costoso, como la endodoncia.

Por todo esto, la actitud más sensata, tanto para nuestra salud como para nuestro bolsillo, es la prevención. Unos hábitos de higiene bucodental adecuados evitarán la acumulación de bacterias en la boca y mantendrán a raya a las caries, y acudir a la clínica dental para una revisión al menos cada seis meses permitirá detectar y tratar cualquier anomalía antes de que evolucione y se convierta en un problema mayor.

 

Existen ciertos indicadores, como pueden ser un pequeño cambio de coloración o textura en la superficie de los dientes.

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